Por: Wilbert Javier Portilla Huarsa
El 6 de julio, el Día del Maestro en el Perú se conmemora bajo el amparo legal de un permiso con goce de remuneración normado por el Decreto Supremo N° 004-2013-ED y la Resolución Viceministerial N° 081-2023-MINEDU. Sin embargo, más allá del descanso y el reconocimiento formal, esta fecha nos obliga a mirar la realidad de las calles. En Arequipa, durante el tradicional izamiento de las banderas del Perú y de la Ciudad Blanca, la postal de la plaza mayor fue elocuente y dolorosa: tres facciones distintas marchando bajo el nombre del otrora glorioso e unificado SUTEP.
Por un lado, el SUTEP tradicional; por otro, el SIMAG; y en la retaguardia de la vida laboral, los cesantes y jubilados. Cada grupo avanzó con su propia plataforma de lucha y sus propios intereses legítimos. Al ver esta diáspora sindical, es inevitable que retumbe en las conciencias aquella emblemática frase del gran maestro, poeta y líder histórico arequipeño, Horacio Zeballos Gámez: “Maestro, en tu libro de lucha he aprendido que no traicionar es un mandamiento”. Ante el panorama actual surge la pregunta incómoda pero necesaria: ¿Quién traiciona a quién? ¿Por qué se ha postergado tanto una reconciliación que recupere la mística unitaria que Horacio nos heredó?
Uno de los principales factores que ha atomizado al magisterio es el diseño de la actual Ley de la Carrera Pública Magisterial (CPM). Si bien este sistema promueve el desarrollo profesional basado en el mérito a lo largo de ocho escalas salariales, ha creado profundas asimetrías. El ejemplo más cruel lo sufren los maestros jubilados. Al cumplir los 65 años, son empujados fuera del aula sin la posibilidad de postular siquiera a una plaza de contrato. Es indignante que profesionales con títulos de maestría y doctorado, dueños de una valiosa experiencia pedagógica, terminen relegados al olvido institucional, viendo mermada su dignidad económica tras décadas de servicio.
En la otra orilla de la vulnerabilidad se encuentran los docentes contratados. Para acceder a una plaza, ellos deben someterse año tras año a un riguroso concurso de evaluación de expedientes regulado por el Ministerio de Educación (MINEDU). A pesar de su esfuerzo y de que sus salarios equivalen apenas a la primera escala magisterial, carecen por completo de estabilidad laboral. Su situación se agrava por el rol desatinado y burocrático del MINEDU. Este año, la deficiente gestión en la norma de destaques provocó un caos desordenado: decenas de profesores contratados, que contaban con la ratificación favorable de sus directores por su excelente desempeño, se quedaron sin trabajar debido a que sus plazas fueron ocupadas a última hora por personal destacado.
La fragmentación de los sindicatos solo debilita la capacidad de frenar estos atropellos. Mientras las facciones se canibalizan entre sí por el control de la representatividad, las políticas estatales siguen precarizando la labor docente. La verdadera traición hoy en día es la indiferencia mutua, el olvido del colega desprotegido y la pérdida del norte pedagógico.
¡Feliz Día del Maestro a todos: nombrados, contratados y jubilados! Que nadie prive al magisterio de sus conquistas laborales históricas. Es momento de deponer los intereses particulares y unificar las banderas. Solo así honraremos el mandamiento de Horacio Zeballos y protegeremos, con una sola voz, la labor fundamental que realizamos en bien de nuestros estudiantes y del futuro de la patria

