Estamos muy cerca de celebrar los 200 años del colegio Independencia Americana y también los 76 años de la Revolución de 1950. Todos sabemos que los estudiantes de la «I.E. Independencia Americana» fueron los valientes que salieron adelante, pero la historia no sería la misma sin nuestras compañeras del Mercado San Camilo.
En junio de 1950, los muchachos se encerraron en su colegio para protestar contra la dictadura del presidente Manuel A. Odría. El gobierno les cortó todo para que pasaran hambre y frío, buscando que se rindieran. Pero la dictadura no tomó en cuenta el amor de una madre. Al ver que la vida de los jovencitos corría peligro, las vendedoras de San Camilo reaccionaron con ese instinto que defiende a los hijos con garras y dientes. Para ellas, esos escolares eran sus propios hijos. Durante cuatro días, dejaron de vender, cerraron sus puestos y bajaron al centro cargadas de ollas de comida y víveres. Porque una madre nunca va a dejar que un hijo se quede con el estómago vacío por luchar por lo justo.
Esto no fue un simple favor; fue una gran lección de lucha nacida del amor de madre. Al ver el coraje de estas mujeres, que arriesgaban la comida del día y su propia seguridad por defender a los muchachos, todo el pueblo de Arequipa perdió el miedo. Los sindicatos y los vecinos se contagiaron de ese valor y salieron a las calles. Así, una protesta de colegiales se convirtió en una verdadera revolución de toda la ciudad. Las canastas del mercado, llenas de comida y de cariño, tuvieron mucha más fuerza que los fusiles de los soldados.
Las comerciantes de San Camilo nos demostraron que el amor de madre no le teme a nada. Ese cariño que nace en los puestos de comida fue el motor para ganarle a la dictadura de Odría. Frente a las armas de la represión, estas valientes mujeres pusieron el pecho y pararon con sus propias manos las escopetas de los soldados para proteger al pueblo de Arequipa.

