El comité organizador confirmó que el recorrido respetará exactamente la misma ruta del año pasado, asegurando una logística ordenada para los asistentes. El punto final de la movilización será el Templo de San Francisco. Para esta ocasión, se ha coordinado un «comité de abrazos» encargado de dar la bienvenida a los participantes al cierre de la jornada.
Los organizadores han hecho un llamado directo a las autoridades eclesiásticas locales para que, en sintonía con las directrices del Vaticano, se abran las puertas de la iglesia al término del evento.
Este petitorio surge en medio de tensiones con sectores locales. Según reportes del comité, grupos de corte conservador liderados por el Sr. Cristian Aranda (diputado electo por Renovación Popular para el periodo 2026 -2031) habrían mostrado resistencia en el pasado —particularmente durante los procesos de confirmación que no lograban culminar el ciclo de dos años—, intentando frenar la apertura de los templos a manifestaciones de diversidad.
El marco doctrinal: Fiducia supplicans y el Papa Francisco
El énfasis de la marcha de este año no solo es la visibilidad, sino también el llamado a que la Iglesia local aplique la visión pastoral impulsada desde Roma. El Papa Francisco ha marcado un hito histórico en la Iglesia Católica al promover una postura de acogida, compasión y cercanía hacia la comunidad LGBT, alejándose de las condenas frontales y priorizando el acompañamiento pastoral.
Los manifestantes solicitan formalmente que los titulares de las parroquias locales tomen en consideración la Declaración «Fiducia supplicans» sobre el sentido pastoral de las bendiciones, emitida por el Dicasterio para la Doctrina de la Fe.
Esta declaración vaticana aprobó formalmente la posibilidad de ofrecer bendiciones pastorales a parejas del mismo sexo, siempre bajo un enfoque de acogida y sin alterar la doctrina tradicional del matrimonio. Los colectivos civiles enfatizan que la marcha busca precisamente tender esos puentes de dignidad, respeto mutuo y unidad familiar.

