En una conmovedora ceremonia dominical, la ciudad de Arequipa volvió a recordar a sus héroes de la histórica «gesta de junio» del año 2002, conocida popularmente como el Arequipazo. Los encargados de izar la bandera nacional fueron los propios padres y familiares de Fernando Talavera Soto y Edgar Pinto Quintanilla, los dos jóvenes que perdieron la vida defendiendo el patrimonio de la región.
Para los padres, el dolor sigue vivo, pero el orgullo de ver que su ciudad no olvida el sacrificio de sus hijos les da fuerzas. Don Ángel Pinto, padre de Edgar, quien hoy tiene 90 años, asistió también doña María Quintanilla y don Rodolfo Talavera, padre de Fernando. Entre lágrimas y aplausos de los asistentes, los ancianos padres demostraron que el recuerdo de sus hijos sigue intacto en el corazón de los arequipeños tras casi un cuarto de siglo.
A pesar del emotivo homenaje, el ambiente también estuvo marcado por la indignación. Las familias denunciaron que, tras casi 25 años de idas y vueltas en los tribunales, no han encontrado justicia.
«Siempre hay que luchar con sentido en defensa de nuestra región. Los juicios no terminan y nos hemos gastado todos nuestros ahorros buscando culpables, pero no hay justicia; los responsables están libres. Hubiésemos querido verlos desarrollarse profesionalmente», lamentó con profundo dolor don Ángel Pinto a sus 90 años
Por su parte, doña María Quintanilla hizo un llamado a la juventud: «Los arequipeños tendremos que seguir reclamando por estos jóvenes que tenían todo un futuro por delante».
Para entender la importancia de este día, hay que recordar que entre el 12 y el 16 de junio de 2002, todo el pueblo de Arequipa se levantó en una huelga total bajo el lema “Arequipa no se vende, Arequipa se defiende”.
La población protestaba porque el entonces presidente, Alejandro Toledo, no cumplió su promesa de campaña y decidió vender las empresas eléctricas locales (EGASA y EGESUR) a una compañía belga. La ciudad se paralizó por completo, hubo bloqueos de vías y los dirigentes iniciaron una huelga de hambre frente a la Catedral.
Aunque el gobierno de ese entonces tuvo que retroceder, cancelar la privatización y sacar al ministro Rospigliosi, el costo fue altísimo: decenas de heridos y la pérdida irreparable de Fernando y Edgar, dos jóvenes que hoy pertenecen a la historia y al corazón de Arequipa.

