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Inteligencia artificial en medicina: ¿cómo está cambiando la atención de los pacientes?

Desde la lectura de imágenes hasta la documentación clínica, la IA se incorpora como un apoyo para el médico, pero la evaluación y la decisión final siguen siendo humanas.

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La inteligencia artificial (IA) dejó de ser una promesa lejana para convertirse en una herramienta presente en hospitales, centros de salud y consultorios. Puede ayudar a analizar imágenes médicas, ordenar información clínica y llevar servicios especializados a zonas donde antes era difícil acceder a ellos. Sin embargo, su uso plantea nuevas preguntas sobre la seguridad del paciente, la privacidad de los datos y el papel del médico.


Para la Dra. Denisse Champin, decana de la Facultad de Medicina de la UTP, el desafío no es decidir si la IA tendrá un lugar en la medicina, sino cómo integrarla de manera responsable.


“La inteligencia artificial apoya en la atención de los pacientes, pero la tecnología no cambia el propósito de la medicina: cuidar a la persona. Su valor está en ayudar al médico a decidir mejor y a dedicar más tiempo al paciente”, señala.


Diagnósticos con un apoyo adicional


Una de las aplicaciones más desarrolladas es el análisis de imágenes médicas. Los sistemas de IA pueden ayudar a identificar patrones en radiografías, tomografías, resonancias o imágenes del fondo de ojo, y a priorizar los casos que requieren una evaluación más urgente. En el Perú, ya se emplean equipos de rayos X con inteligencia artificial como apoyo para detectar tuberculosis y ampliar la capacidad de tamizaje, y ha previsto integrar IA en la telemamografía para la identificación temprana del cáncer de mama.


“Estas herramientas funcionan como una segunda mirada que alerta sobre hallazgos que merecen atención. Pero la interpretación clínica, el contexto del paciente y la decisión sobre el tratamiento siguen estando en manos del médico”, explica la decana.


Menos tiempo en el papeleo, más tiempo con el paciente


La IA también se utiliza en tareas administrativas y de documentación, como la elaboración de notas clínicas a partir de la voz, la organización de historias clínicas o la gestión de citas. Al automatizar parte de estos procesos, se busca que los profesionales dediquen menos tiempo a escribir y más a escuchar y examinar a quien tienen enfrente.


Este avance se apoya en la digitalización de los servicios de salud, como las historias clínicas electrónicas. Especialistas señalan que el siguiente reto es lograr que los distintos sistemas puedan intercambiar información de manera segura, para que la tecnología realmente se traduzca en una atención más ágil y coordinada.


Una atención que llega más lejos


Combinada con la telemedicina, la IA puede acercar la evaluación especializada a poblaciones alejadas. En el país, se han impulsado pilotos de lectura automatizada de radiografías de tórax y trabajado en lineamientos para el uso de IA clínica, con el objetivo de que estas herramientas se utilicen con supervisión ética.


“En un país con tantas brechas geográficas, estas tecnologías pueden ampliar el acceso al diagnóstico oportuno. Para que eso ocurra, debe haber conectividad, profesionales capacitados y protocolos claros que garanticen la calidad de la atención”, afirma Champin.


Privacidad, sesgos y supervisión


El uso de IA en salud exige cuidados especiales. La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha publicado orientaciones sobre ética y gobernanza de la IA para la salud, en las que advierte sobre riesgos como la seguridad del paciente, la protección de los datos personales y los sesgos de los algoritmos. Un sistema entrenado con información que no representa a toda la población puede rendir peor en algunos grupos de pacientes, por lo que su validación y seguimiento continuo son indispensables.


Formar médicos para trabajar con IA


Este escenario también transforma la formación médica. La OMS subraya que los profesionales de salud necesitan habilidades para trabajar con estas tecnologías de forma segura y eficaz. En esa línea, la malla curricular de Medicina de la UTP incluye el curso Innovación Tecnológica en Medicina y contempla la colaboración con expertos en inteligencia artificial dentro de su eje de razonamiento y habilidades clínicas.


“Queremos formar médicos que sepan aprovechar la tecnología sin perder el criterio clínico ni la empatía. La inteligencia artificial puede procesar información, pero la relación de confianza con el paciente seguirá siendo insustituible”, concluye Champin.


La IA no reemplaza al médico, pero sí está redefiniendo cómo se diagnostica, se documenta y se acerca la atención a los pacientes. Su mayor aporte dependerá de que se use con criterio clínico, supervisión y respeto por los derechos de las personas.