Un sector del electorado irá a su centro de votación con la certeza que su voto garantizará la continuidad del sistema y mantendrá la dinámica de gobierno de los últimos 36 años cuando el neoliberalismo, el libre mercado, las privatizaciones, la mínima intervención del Estado ha sido, en el entender de este sector, lo mejor que le ha podido ocurrir al país. Ponen como ejemplo el crecimiento económico y el desarrollo experimentado, aunque, la corrupción convertida en sistema, la inseguridad extrema, la pobreza reflejada en la anemia de miles de niños; el descalabro de la salud y la educación han desnudado permanentemente las falencias o ruina de este sistema.
En la vereda de enfrente, otro sector de la población, el mayoritario, acude a las urnas con más incertidumbres que certezas. Hay en este electorado, desconfianza, desesperanza y hasta resignación que el país seguirá siendo gobernado por la pandilla de pillos vestidos de presidentes, congresistas, jueces, empresarios, grupos de poder que han encontrado en el Estado su mayor botín. Ejemplos de ese aprovechamiento tenemos a montones en los últimos años.
Está también la otra porción de votantes que aguardan con cierta esperanza que estas elecciones son la oportunidad para derrotar en las urnas al denominado “Pacto Corrupto” y empezar a escribir en la historia, nuevas páginas favorables de un Perú distinto.
En este grupo nos inscribimos nosotros como medio de comunicación. No nos ubicamos en el papel cómodo y fácil de la falsa neutralidad periodística que avala, con su silencio, la destrucción lenta del país. Abrigamos, por el contrario, la esperanza de que, si es posible construir un Perú sin corrupción, un país que le garantice a sus ciudadanos y ciudadanas vivir en un lugar seguro. Un país en el que nuestros hijos e hijas estudien en escuelas y universidades públicas de calidad; que no se mendigue la salud en los hospitales y que el empleo adecuado nos garantice un bienestar económico y calidad de vida. Por muchísimos años, los que actualmente nos gobiernan desde palacio y desde el Congreso nos han prometido esto, pero miren donde hemos llegado.
Asumir esta postura exige alentar a la población a que acuda a las urnas con la convicción clara de impedir, de cortar, el circuito de los partidos corruptos, responsables de la degradación moral e institucional de nuestro país. Esto significa, apostar por otras opciones políticas que garanticen un mínimo de decencia. Ya no importa si es un partido de derecha, izquierda o centro. Lo que importa es que su plan de gobierno, su actuación de vida, su currículo ofrezca una mínima garantía de limpieza para empezar a reconstruir el Perú.
Está en nuestro voto decidir si avanzamos hacia una democracia más transparente o si seguimos embarrados en el lodo de la mafia y la corrupción que desmoraliza y envilece a una sociedad. El poder del cambio, está en tus manos; está, en nuestras manos.
Hugo Ramírez Huamán.
Presidente del CCAK.

