Los padres de Natacha de Crombrugghe, una turista belga que falleció en la provincia de Caylloma, organizaron actividades educativas y recreativas para los niños del valle del Colca.
La iniciativa se desarrolló entre el 24 de febrero y el 4 de marzo de 2025, en colaboración con el Servicio Voluntario Internacional.
Como se recuerda, Eric y Sabine de Crombrugghe crearon el Fondo Natacha-Colca en memoria de su hija, Natacha, quien fue hallada sin vida en el río Colca, ocho meses después de reportarse su desaparición.
Con las contribuciones de sus amigos cercanos en Bélgica, decidieron poner en marcha su primer proyecto en Cabanaconde, distrito donde permanecieron durante el tiempo de búsqueda.
En las comunidades más remotas de los Andes, la educación es fundamental, sin embargo, no se organizan actividades para los escolares durante los períodos en los que no asisten al colegio. Fue así como surgió la idea de crear un programa de vacaciones útiles, en colaboración con el párroco, el alcalde y el director de la escuela de Cabanaconde, una localidad ubicada a 3,200 metros sobre el nivel del mar. En este lugar, viven alrededor de 3 mil habitantes, cuya principal actividad económica es la agricultura y ganadería.
De esta forma, 140 niños de entre 6 y 12 años participaron en diversas actividades, que se llevaron a cabo diariamente desde las 8 a.m. hasta las 4 p.m. en la escuela primaria del pueblo. Este proyecto fue diseñado y coordinado por un equipo de ocho voluntarios de Bélgica, Francia y Estados Unidos, junto con la colaboración de aproximadamente diez jóvenes locales.
Cada día, los participantes recibieron almuerzo y se facilitó el transporte para los niños provenientes de comunidades cercanas. Los pequeños pudieron escoger entre una variedad de talleres, como pintura de murales en el salón parroquial, clases de canto y música, deportes, acrobacias, o la realización de reportajes sobre el pueblo y su entorno natural en el Cañón del Colca.
Además, al final de cada jornada, los niños disfrutaron de actividades como clases de inglés y francés, lecturas animadas, globoflexia, creación de maquetas de arcilla, figuras de ganchillo y origami, entre otras. También hubo una sesión especial de introducción a los primeros auxilios en la montaña y los juegos olímpicos.
El cierre de dicha iniciativa se realizó con una ceremonia en la iglesia del pueblo, donde se expusieron los logros alcanzados por los niños, y donde padres y vecinos pudieron disfrutar de sus esfuerzos.
Para los menores y los voluntarios, esta fue una experiencia inolvidable, llena de aprendizaje, risas y recuerdos. Se despidieron con la satisfacción de haber vivido una experiencia única, marcada por la alegría y la esperanza.

